La Cámara de Diputados debatirá este miércoles un proyecto que busca cambiar el huso horario oficial en todo el país.
La Cámara de Diputados debatirá este miércoles un proyecto que busca cambiar el huso horario oficial en todo el país. La iniciativa, impulsada por el legislador mendocino Julio Cobos, propone retrasar una hora los relojes en Argentina, adoptando el huso UTC -4, en lugar del actual UTC -3.
Según el , el objetivo principal del cambio es alinear el horario oficial con el ciclo natural de luz solar y reducir el consumo de energía eléctrica artificial. Además, el proyecto contempla que durante el verano el Poder Ejecutivo pueda volver temporalmente al huso UTC -3, retomando luego el esquema propuesto.
Más allá de la discusión energética, especialistas sostienen que mantener un huso horario adelantado respecto al sol puede tener impactos negativos sobre la salud y el rendimiento diario. El fenómeno conocido como “jet lag social” afecta los ciclos de sueño, la concentración, el estado de ánimo y hasta el desempeño académico, especialmente en jóvenes y adolescentes. También se asocia con un mayor consumo de estimulantes y un incremento en los accidentes de tránsito.

La desincronización entre el horario oficial y el reloj biológico, o “cronotipo”, también genera una rutina dispareja entre quienes son más activos por la mañana o por la noche, afectando incluso los hábitos comerciales: en invierno, muchos locales adelantan su cierre ante la caída temprana del sol.
El debate sobre el huso horario no es nuevo en Argentina. A lo largo del siglo XX, el país modificó varias veces su horario oficial, principalmente en función de crisis energéticas. En 2007 se implementó un sistema de horario de verano e invierno (UTC -3 y UTC -2), pero su aplicación quedó suspendida en 2009. La última normativa que establecía el huso UTC -4 fue derogada poco después de su sanción en 1999.
Aunque las empresas energéticas consideran que el ahorro energético sería marginal, un informe presentado por un equipo del ante la Legislatura de Mendoza en 2022 sostiene lo contrario. El estudio concluyó que el cambio al huso -4 podría reducir significativamente el consumo eléctrico en espacios como las aulas escolares, bajando de 104,3 kWh a 59,7 kWh en promedio.
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